Hace unos días el Hard Rock Café abría sus puertas con una imagen renovada. Esta institución de la Barcelona más turística, merece una visita si promete novedades. Y el soleado día, un paseo.

La ciudad está llena de gente, con el Salón del Automóvil, el GP y un tiempo fantástico, hay que andar por el Passeig de Gràcia a codazos entre guiris con bolsas de Chanel y otros comiéndose una Baguettina Catalana.

Al cruzar la puerta del restaurante, lo primero que he pensado ha sido “hey…that’s not rock’n’roll!”. “Wtf está el Cadillach suspendido sobre la barra?”. El espacio me ha parecido una tienda ultramoderna de ropa traspasada a restaurante, o un garage de rico ruso de revista de decoración. No tiene feeling de dinner.

La hamburguesa y el pollo con pasta que hemos compartido no merecen demasiados halagos. La primera con una guarnición-decoración de hoja pocha de lechuga, tomate pastoso y unas rodajas de pepino con la misma antiguedad en el negocio que el camarero que nos ha atendido. Con el
plato de pollo, me sigo preguntando dónde estaba la salsa Alfredo en la pasta y por qué todo estaba tan seco.

De regreso, parada obligatoria en Vinçon y amor a primera vista con un exprimidor de zumo de Bodum y flechazo con una shopping bag especial mamis&papis.

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That’s not rock’n’roll (el renovado HRC de Barcelona)
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