Las cortesías, gratuidades, invitaciones y valor añadido, son detalles con el cliente que le hacen sentir especial, redondean el servicio y le dan una percepción de buen value for money en su compra.

Gestionarlas bien es una arte, porque los productos o servicios que ofrecemos sin coste al cliente (desde las aceitunas de cortesía mientras esperan sus primeros, hasta la botella de champagne como cortesía a un grupo fidelizado en la celebración de un cumpleaños) cuestan dinero.

Ni el panadero regala el pan, ni las olivas son gratis, al igual que tampoco lo son la WIFI o el servicio de valet parking (aparcacoches). Todo vale dinero y

el arte consiste en que se ofrezca como valor añadido pero se contemple en los costes para repercutirlo en el precio de venta final

Si durante un año prevemos “regalar” 20 botellas de vino al año, invitar a 50 menús como promoción del restaurante y ofrecer 200 segundos cafés de cortesía, debemos incluir este coste en nuestros números. El total del importe que destinemos a esto, forma parte de las acciones de promoción del bar, restaurante o cafetería, por lo que lo consideraremos en la partida de gastos de marketing/comercialización/acciones de promoción, o como queramos llamarlo. Pero ahí debe estar.

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