La mayoría de restaurantes de este planeta jamás tendréis una estrella Michelín, ni vuestros cocineros serán portada del Times. Ni siquiera recibiréis la visita de los bloggers foodies de vuestras ciudades. Tampoco saldréis en guías recomendadas. La mayoría de vosotros os dedicáis al antiguo oficio de dar de comer a la gente, sin más pretensiones que utilizar productos cercanos, tratarlos con cariño y ofrecer una experiencia agradable a quien se sienta en vuestras mesas.

Flaco favor se le hace a la profesión al encumbrar en el Olimpo de los Dioses a los Chefs. No dejo de leer a diario noticias en la prensa y blogerío especializado con titulares que compiten por sacar más estrellas que en un cielo de verano.

“25 estrellas Michelin en la Feria de Aquí”, “12 Chefs estrella en el Encuentro de Allá”, “Las jornadas de Nosedonde suman 30 estrellas Michelín”… Yo también caigo a veces en esta actitud sensacionalista y publico posts de este tipo. Nadie está libre de pecado y yo soy muy pecadora.

Todos sentimos una gran admiración por personajes como Michel Bras, Gastón Acurio, René Redzepi, Grant Achatz, Mario Batali, los hermanos Roca, Jamie Oliver, Alex Atala, Michel Guérard, Daniel Humm, Andre Chiang, José Andrés, Juan Mari y Elena Arzak, los hermanos Adrià, David Muñoz, Massimo Bottura, Andoni Luis Aduriz, Gordon Ramsey, Helena Rizzo, Nadia Santini, Anne Sophie Pic, Alain Ducasse, Eneko Atxa… o todos aquellos que han situado sus restaurantes en las listas de los 50 Best Restaurants of the World o en las guías rojas de Michelín.

Pero son una minoría dentro del sector, referentes de una forma de elegir productos, utilizar técnicas muy creativas e innovar en los fogones, abriendo nuevos caminos. Son un ejemplo de cómo su personal manera de entender la cocina les ha diferenciado del resto.

Muchos de vosotros “copiáis” sus recetas e “imitáis” sus emplatados intentando estar al día de las tendencias que los “estrellados” marcan. A veces pienso que lo hacéis para satisfacer a un consumidor que se cree cada vez gastronómico y que cruza la puerta de los restaurantes esperando experiencias sublimes e inolvidables, como si salir a cenar un sábado por la noche debiera equiparse a la cena de El Somni de los hermanos Roca.

La mayoría de vosotros sois trabajadores incansables buscando una excelencia que nunca tendrá un reconocimiento mediático. Matt Groening no os “simpsonizará”, ni dareis conferencias en universidades. Pero sois lo más auténtico de la profesión, la base de un iceberg del que desafortunadamente, solo vemos la parte que sale a la superficie y que tiene nombres propios, platós de televisión, portadas de revistas y el peloteo de aquellos que ponen a los grandes chefs, en el Olimpo de los Dioses.

Tu restaurante nunca tendrá una estrella Michelin, y lo sabes
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