A la mierda con todo. Con los posts para emprendedores, con los clientes, con la gestora y ya me arreglaré rapidito para la cena. Tengo que recuperarme de este orgasmo mental, el choque neuronal que este tipo acaba de originar en mi cabeza. Tengo que recuperar la cordura para no saltar por el balcón y suicidarme, escupiendo mariposas por la boca.

Hoy tenía previsto publicar uno de esos posts donde intento dar pautas para emprender de forma correcta en esto de los restaurantes. También tengo un par de mails de nuevos clientes por contestar (pasarles mi número de cuenta para que paguen -por adelantado- mis honorarios). Mi gestora lleva persiguiéndome todo el día para noseque historia de pagar impuestos. Y en tres horas tengo una de las cenas más importantes de mi vida, una de esas en las que anuncias cosas importantes a gente importante. Pero tomando ese café de las 4:30, la dosis de cafeína que te espabila a media tarde, he decidido ver el video de Dabiz Muñoz.

Qué más da que sea felliniano, atrevido, sensual, blablabla. Qué más dan todos los calificativos que he leído -y leeré- sobre este video. En 10 minutos, he recuperado una parte canalla y he tirado a la basura mucho de lo académico que a veces transmito. En 10 minutos, el mundo ha dado la vuelta y me he enamorado. No de Dabiz, por supuesto, sino de esa forma de entender la EXPERIENCIA DEL CLIENTE, de la necesidad de que SIENTAS y te EMOCIONES.

Y en el minuto 8,40, cuando arrancan los créditos he empezado a reirme de todos los eruditos, de las palabras sofisticadas, de las reseñas interminables, de la majadería docta, ilustrada y cultivada. De las florecillas de jardín encima de un entrecot, de las maneras de las salas anticuadas, de las chaquetillas planchadas y de mi misma, por encima de todo. Dame un acantilado, quiero saltar.

Mañana salgo de viaje (Moscú-San Petesburgo-Helsinki), para ver como están las cosas por ahí y entregar un estudio de situación de mercado, trends y posibilidad de implantación de negocios (uno de esos maravillosos encargos que me permiten viajar y ver mundo). Pero a la vuelta, reservo en el AVE y vengo a DiverXO, Dabiz Muñoz, a lamer hasta la etiqueta de tus lienzos.

Llámame loca, pero hoy lo he visto claro: dame vanguardia o mátame.

(Puedes ver el video en la web de DiverXO, y volverte loco como yo)

 

 

A la mierda todo, me he vuelto loca
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