Portadas de revista con cocineros que se cortan la lengua, otros que vomitan trozos de carne. Todo un mercado tatuado en los brazos. Piercings, mirada canalla y cuchillo en mano, en los perfiles del Facebook y Twitter. Fotos megatrabajadas en las webs.

Desde que David Muñoz nos enseñó que sacar la lengua es cool y la sesión de fotos de Alex Atala con piezas gigantes ensangrentando su delantal dieron la vuelta al mundo, la imagen de los cocineros ha evolucionado a la velocidad de la luz.

En la entrevista de Risto Mejide al cocinero de DiverXO (del programa Viajando con Chester), David le cuenta al publicista que lo suyo no es pose, es auténtico. Yo me lo creo. Y es que ese chico tiene algo en los ojos que desprende verdad. Va a su bola, hace lo que quiere, “te tira las cosas encima de un plato” –como diría mi mamá- y se le ve feliz y covencido. Sus tatuajes y actitud probablemente tienen su origen en ser un niño nacido en 1980, criado en Madrid y macerado 5 años en esa ciudad que es Londres, donde si pasas más de un par de meses te entran ganas de raparte o teñirte el pelo, tatuarte y comprarte un par de botas tamaño XXL (habla la experiencia…).

En el otro extremo del ring, con una cuidada imagen de dandy, trajes y corbatas impecables, barba recortada y más gomina que en Serrano cualquier lunes por la mañana está Quique Dacosta, que en los últimos tiempos parece que las filipinas le dan alergia y se siente más cómodo de Armani con nudo Windsor en su Tom Ford de seda. A mi, me encanta su universo estético personal.

El campechanismo de Arguiñano o la proximidad de Berasategui son sus signos de identidad, su branding (marca personal) como profesionales de la cocina. Visten la chaquetilla a la vieja usanza, sin maquillajes ni adornos, con una naturalidad cómoda y cercana.

Toda una legión de nuevos cocineros, salidos del horno calentito de las escuelas de hostelería parecen buscar también una imagen, una identidad, un branding como profesionales. Y buscan sus referencias en sus estrellas preferidas.

¿Es necesario trabajar esta parte de tu imagen profesional, o es pura frivolidad?. ¿Le ha ayudado a David su imagen canalla para construir la figura pública que es hoy? ¿Estaría todavía en la tele todos los mediodías Carlos Arguiñano cocinando delante de millones de fieles si llevara el cráneo rasurado y más tatuajes que Josef Ajram?.

Todos ellos comunican a través de su forma de vestir el delantal o la filipina y su look personal, una filosofía determinada. Conectan a través de los diferentes elementos que adornan sus personas con un tipo u otro de gente, de cliente, de crítico, de fan.

La imagen –el personal branding- es importante. Y el vestuario es parte de ésta. Debe ser veraz, comunicar valores, atributos. Una extensión de tu trabajo, el reflejo que lo que hay en la cabeza. Si es disfraz, no cuela, se ve a la legua y se convierte en #postureo. Puedes entenderlo leyendo 4 motivos por los que invertir en marca personal.

El error es dedicar más tiempo al espejo que a los fogones, porque al final, todos los ejemplos que os he dado son importantes por lo que ponen encima de la mesa. Gominas y crestas a parte.

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Personal Branding, ¿Identidad o #postureo bajo la chaquetilla?
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