Tripadvisor (y el resto de webs que apadrinan la miseria en la hostelería), me parecen uno de los peores monstruos silenciosos que día a día matan cientos, miles de negocios. Bares, restaurantes, cafeterías sucumben ante el empalagoso discurso de un comercial sin escrúpulos que les vende la prosperidad en forma de visibilidad y captación de nuevos clientes siempre y cuando jueguen a su juego: hinchar los precios, engañar al cliente y sacar tajada de ello. Me voy por los cerros de los Fabulosos Descuentos del hasta 70% en carta, cuando de lo que hoy quería (volver a) escribir es sobre Tripadvisor y contar (otra vez) el porque no hay que tener en cuenta su ranking. Es una buena herramienta de geolocalización, pero poco más.

Muy rapidito: la mayoría de las opiniones son de turistas. Si, créeme, los locales no acostumbran a opinar en Tripadvisor, se mueven por el boca a oreja de toda la vida. Los guiris son los que vuelcan sus valoraciones y comentarios. ¿Y qué tiene eso de malo, Eva?, pensarás.

Pues nada, de malo nada. De raro, si. Que un señor de Oslo sabe tanto de pescaíto frito como uno de Moscú de ceviche peruano. Que una señora de Cleveland sabe tanto de curry indio como un australiano de gambla blanca de Huelva.

Y sinceramente, no me fiaría de el de Oslo para elegir restaurante en Sevilla, ni del australiano para cenar gambas en Huelva. Y los rankings de Trip-ad-liar, si realmente se hacen con opiniones reales, se basan mayoritariamente en estas consideraciones. Gente que no tiene ni idea valorando al tun tun. Con toda la impunidad del mundo, vomitando sus opiniones en el mayor vertedero de mentiras y engaños de la historia.

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Un señor de Oslo, una señora de Cleveland y Tripadvisor
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