Los menús y  las cartas de los restaurantes, son unas de las mejores herramientas de comunicación y venta de tu negocio. Una carta sucia, arrugada o con faltas de ortografía es una mala carta de presentación al cliente. Y siempre hay excepciones, como la carta de El Rincón de Alberto que hace poco cayó en mis manos. Su encanto reside en esa cutrez de libreta con las hojas medio pegadas y con los platos escritos a mano, con una caligrafía que no ganaría ningún premio de diseño. Entiendo que la intención de presentar así su oferta es la de transmitir cercanía y alejarse de un formato que podría percibirse por el cliente como pedante para un bar de tapas. No se si Alberto lo habrá hecho intencionadamente o es fruto de la buena intuición que muchos restauradores tenéis.

Pero excepciones aparte, y supongo que podríamos encontrar muchas, tanto el soporte de la carta o menú, la literatura que se escribe en ella y la forma en que se presenta a los ojos del cliente tiene una función tan importante que plantearla de forma inteligente y revisarla periódicamente ayuda a crear una mejor relación con el cliente y que tus ventas mejoren.

El menú enginyeering trata este apartado con mucho mimo y da pautas clarísimas, que yo siempre leo con una cierta mirada crítica, porque no existe una regla que encaje para todos los bares, restaurantes, cafeterías o coctelerías. Es muy arriesgado meter a todos los negocios en un mismo saco y teorizar sobre lo que es “lo mejor”. Cada uno tiene una filosofía, un producto y un cliente diferente.

Mi consejo es pensar bien en el formato (agradable al tacto y de una medida fácil de manejar, porque esas cartas gigantes de “gran restaurante” están algo pasaditas de moda por pretenciosas y por incómodas), darle una originalidad que encaje con el resto del local y sobretodo con la filosofía de la casa y por último pensar bien el contenido antes de mandarlo a imprimir.

Los nombres interminables de platos están en deshuso, pero si hay una apuesta por darle apellido (procedencia) al producto y mencionar alguna técnica de cocina, sin caer en el abuso. Y en cuanto al precio, mejor redondo, que no parezca una oferta del Zara (los odiosos 9’99€) y evitar el símbolo del €. El cliente, cada vez que lo ve, es consciente de que está “gastando” y eso limita su opción de pedirle a tu camarero un plato más caro por sentirse algo culpable de derroche.

Menús y cartas ¿cómo hacer que vendan más?
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