“El Solomillo de Ternera gallega a las brasas de carbón de encina con su salsa de frutos rojos sobre puré dulce de patata violeta, boniato y calabaza francesa, salteado de setas de temporada con reducción de Pedro Ximenex, acompañado de pequeños brotes de ensalada mezclum con vinagreta ligera de Modena y frutos secos, toque suave de vainilla de Tahiti, raspadura de lima caribeña y escamas de Sal Maldon.”

Este plato imposible, no pretende ser una referencia gastronómica. Es un pequeño homenaje a la forma en la que en décadas pasadas, glosábamos con una literatura gastronómica de premio Nobel las maravillas de la carta. Platos que ocupaban varias líneas en las que citábamos orígenes, cocciones y hasta la madre que parió al cordero.

Yo misma, en varios de los proyectos en los que he trabajado, después de recibir del chef una nota grasienta y arrugada en la que figuraban tres palabras, me veía obligada a desarrollarlas en formato novela, buscando la inspiración en la magia de obras de prosa tan sabrosa como 100 Años de Soledad de García Márquez. El cliente quería mucha información, vivíamos una época en la que la originalidad de los productos, por su utilización o su procedencia, eran un reclamo claro de su atención a la hora de elegir su menú.

Hoy en día, las cartas son más cortas, más ligeras, más simpáticas. Todos sabemos que para la elaboración de un plato, se utilizan muchos ingredientes, que salvo no figuren en la lista de alérgenos más comunes, no es necesario relacionar como si se tratara de un prospecto farmacéutico.

El menú telegrama con un toque de humor, se impone. El objetivo es sorprender al cliente con la llegada del plato, con su impacto visual y olfativo, que es lo primero que el comensal percibe.

Hoy, el plato inventado que abre este post lo escribiríamos más o menos así :

Solomillo muuuuu (Galicia) / puré dulce / setas / mezclum fresh
(Cocción brasa de encina) 
*1 *2

El “muuuu” y el “fresh” se incorporan como el toque de humor.

Los alérgenos estan notificados con (*1,*2) para que el cliente pueda consultar la lista que se adjunta a la carta o que está disponible en el local

338 palabras en el 95 y tres redobles de tambor.
11 palabras y una sonrisa en el 2015 para un cliente más y mejor informado al que sorprender más con la cocina que con la tinta del menú.

PD: recuerda que la carta, es una de tus mejores herramientas de venta. Usarla correctamente equivale a vender más y mejor a tus clientes.

Nota: la foto destacada es de http://vintageprintable.com

Literatura gastronómica actualizada
Deja tu valoración