Hace unas semanas, acudí a uno de esos eventos gastronómicos que cuentan con un cartel mediático de primeras estrellas y en el que alguna de ellas tiene el encargo de soltar unas palabras, a modo de discurso casual e improvisado para inaugurar el acto. Un acto que abandona velozmente en el momento del punto y final de su speech para correr al siguiente acto donde hace de jurado, de ponente, de gurú o de gancho del photocall.

El Sr. Leyenda de la Gastronomía en Vida, al término de sus 3 frases, dijo algo así como

“No olvidéis lo más importante, este oficio es para ser feliz. Cocinar para ser felices, todo lo demás no importa”

Estas palabras iban dirigidas a una audiencia de jóvenes promesas de la cocina. Cocineros que no han llegado a los 30 y que sueñan con tener su propio restaurante donde hacer su cocina.

Sentada en la fila 7 y rodeada de atentas y devotas miradas hacía el atril del escenario, solté un “Eso, y a final de mes, que paguen los sueldos con “felices”.”. Uno de mis acompañantes me chistó muy cerquita de la oreja susurrando “No empieces, que no es el momento”. Tal vez fuera cierto, no era el momento.

Pero…¿cuándo es el momento de contarle a los chavales que han estudiado cocina (o no), se han currado entrar en un restaurante de referencia para seguir formándose mientras atesoran experiencia profesional con el objetivo de montar su propio negocio, que la felicidad de cocinar no genera “felices” con los que pagar la nómina de cada mes?

¿Cuándo les contamos que el propietario del local, el del gas, el del agua… quiere euros, esos papelitos de colores que el Banco de España certifica como valor de cambio, en vez de “felices”?. De los proveedores y de la Agencia Tributaria, mejor no hablamos.

Monopoly

A los muchos estudiantes y gente con ganas de montar vuestro propio negocio que me leéis, os recomiendo la inspiración de la felicidad, pero también os aconsejo tener los piés en el suelo. El factor “Cuenta de Explotación”, debe ser vuestra Biblia. Una buena cocina, la capacidad de captar y fidelizar al cliente y una buena gestión, generan euros, que equivalen a felicidad. Los hornos Rational, los Roner y los Josper, por si mismos, os aseguro que no. Los discursos bonitos, tampoco.

Si no podeis pagar la merluza fresca, la carne de calidad, las trufas en temporada, la gente de cocina, el camarero o el recibo del gas… poca felicidad vais a tener. Básicamente, porque no vais a poder cocinar.

Resumiendo, que los “felices”tienen el mismo valor que el dinero del Monopoly, y que los euros de verdad son los que sostienen un negocio feliz. Creatividad, buena gestión, óptima comercialización y sostenibilidad, son las claves de los “felices”.

Nota: la foto destacada es de Cheatspike, foto interior boardgamegeek.com

 

Una nómina pagada en “felices”
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