Mi interlocutor, después de 20 minutos de conversación, me mira a los ojos y con semblante serio me dice “Mira Eva, yo quiero algo así, como moderno, de tendencia, esa es tu especialidad, ¿no? –pongo cara de emoticón sorprendido-, este concepto así como de brasserie, tipo…”. Enumera tres locales de Barcelona. Sorbe un poco de su café.

Prosigue convencido. “Estos locales son un éxito, ya he visto como va el rollo en Barcelona y Madrid”. “Con un par de tipos guapos y tatuados en la barra para servir cócteles, de estos que ahora son medio famosos, que a las tías eso os mola” (eso, y los mandamos a la WorldClass directos, pienso, o a la portada del CQ enseñando músculo de amor de madre). Y una carta tipo brasserie (y dale con lo de la brasserie, cuanto daño ha hecho un concepto de decoración a la gastronomía…). “No quiero un chef estrellita, que tienen mucho ego y se hacen suyo el local, de esto ya me han avisado” (sonrío y asiento manteniendo la mirada escéptica, otro que tiene cuñados listos). “Tu me entiendes, no?”.

Si, claro que te entiendo. Tu lo que quieres es pegar un pelotazo. Tu lo que quieres es que te de la fórmula mágica para hacer que, los 300.000€ que quieres invertir te den 1.000.000€ de beneficio. Tu te has creído que yo llamo a Lázaro Rosa Violán, te busco dos barbudos guapos para la barra, te monto un carta de bistró y te aseguro que toda la ciudad va a hacer cola para sentarse en tu barra hipsteriana.

“Con mesas de esas altas que se llevan ahora, así cabe más gente”, continúa, “y hacemos eventos patrocinados por las marcas para atraer gente fashion” (fashion, eso, muy fashion, con el chico Martini y tal…). “¿Conoces a alguien que pueda hacer el Facebook?”, me pregunta (si, claro, conozco a un montón de agencias que ofrecen servicios de community management, profesionales freelance y también a unos cuantos personajes que compran fans para tu FanPage del Facebook, followers en Twitter e Instagram).

“Es muy importante también, estar bien arriba en TripAdvisor” me asegura el crak que tengo delante y del que además de un par de tazas de café, empieza a separarme una distancia que tiene más que ver con la visión y conocimiento del sector que con el espacio físico. Espero impaciente la siguiente frase…

“Sé que se pueden…”, duda, como si fuera a proponerme algo ilegal, “se pueden comprar comentarios positivos para posicionarte”. Olé, olé y olé. “Sabes a que me refiero, ¿no?”. Por supuesto, no eres el primero –ni serás el último- en llamarme, concertar una reunión y soltarme esta sarta de sandeces.

La burbuja del sector parece animar a muchos oportunistas y desconocedores de cómo funciona esto de ganarse la vida dando de comer y beber, a plantearse negocios en el sector. Negocios que creen ofrecen una alta rentabilidad, un dinero fácil y rápido.

Y es que, los toros desde la barrera se ven de otro modo. Y el negocio, al otro lado de la barra, se percibe también de otro modo.

Sé perfectamente cual va a ser su última aportación a esta conversación. “Eva, esto lo hacemos bien y luego franquiciamos el concepto por mucha pasta”.

Voy recogiendo mis cosas, tranquilamente. “Por supuesto, yo lo veo clarísimo también”, le digo. Se le ilumina la cara con una sonrisa. “En un par de días te mando una propuesta. Mis honorarios para hacerte un concepto y un plan de negocio son 25.000€, impuestos y desplazamientos no incluídos, con una provisión de fondos del 90% antes de empezar”, digo con serenidad.

Abre los ojos como platos como si hubiera visto a Elvis resucitado y suelta “¿¿¿25.000€???”. Cierro la cremallera de mi bolso, contestándole

“Si claro, es así de fácil. Aquí nos vamos a forrar todos, ¿no?”

Le guiño un ojo, le ofrezco un apretón de manos y le dejo custodiando los posos fríos de dos tazas de café.

Foto del Ferrari www.superstreetonline.com

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