Hace días que voy siguiendo la “indignación en las redes” sobre la factura de Juan y Andrea, uno de los chiringuitos/restaurantes de referencia de Formentera. Después de leer las más variadas estupideces, voy a compartir mis reflexiones y ésta vez, no voy a andar pidiendo perdón (como me recriminasteis muchos en mi post sobre el Bistreau de Angel León).

Empecemos por ubicarnos

Puntos clave

Formentera es en verano un paraíso de aguas idílicas, de una transparencia y color turquesa que la colonia de posidonia garantiza (el mayor ser viviente del planeta) y éste chiringuito es una meca en el “lifestyle aspiracional” de las vacaciones perfectas de sol y mar con los que muchos soñamos.

Formentera tiene escasas playas que ríete tú del Caribe y en Illetes, puedes ver los mega yates más impresionantes del mundo, con un público de jeques arábes y sus séquitos con billete infinito, multimillonarios de lista Forbes y actrices, modelos, futbolistas y cualquier celebrity que se precie. Esto, lo sabemos todos.

Un selfie con un bronceado impecable recortado sobre el mar divino de la isla más deseada del Mediterráneo es una joya preciosa en cualquier muro. ¿Estamos de acuerdo?.

Ahora, pongamos los pies en el suelo

Formentera no tiene recursos naturales ilimitados ni un Makro donde comprar el alcohol, ni un mercado para abastecer multitudes.

En la isla, la temporada dura escasamente 90 días al año. Y si uno llueve, te comes las doradas, las lubinas y las gambas porque no las vendes.

Y, como bien sabemos, las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas (las subastas de Sotheby’s son el ejemplo más claro).

Sigamos con un poco de coherencia

Nadie te obliga a ir a un restaurante Clic para tuitear

Es una elección personal y, cuando cruzas la puerta de un establecimiento, te sientas a la mesa y pides tu comida, aceptas de facto sus normas del juego. La carta está a tu disposición con precios y el personal te dará toda la info que necesites. Sabes que si no te convence, puedes levantarte e irte, nadie te lo impedirá.

En resumen, si vas a Formentera y quieres sentarte en la mesa de al lado de la familia real de Dubai, ver a la fauna que sólo ves en el Hola, el Marca, el Elle o Forbes y comer con el “A fondeado” delante de tus narices, debes entender que va a tener un precio. Y no va a ser barato.

El Restaurante Juan y Andrea te ofrece ésta experiencia, más allá de un plato de arroz, un pescado o una botella de vino. Y eso, amigo mío, se paga.

La próxima vez que compres junto con el ticket lowcost de Vueling unas vacaciones de ensueño en un destino caro, elige temporada baja, llévate el bocata a la playa y etiquétate en el restaurante. Así, hacerte el “guais” te costará lo que puedes permitirte.

Polémica de precios (caso Juan y Andrea Formentera)
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