La celebración de los 120 años del nacimiento de Miguel Boadas, los 82 del local y los 44 de Jerónimo Vaquero detrás de la barra, han sido la excusa perfecta para recordarnos a todos que en Boadas late un corazón muy joven entre sus centenarias paredes.

El futuro de Boadas pasa por el indiscutible reconocimiento a su impecable trayectoria desde su apertura. La increíble historia de un joven que tras cambiar la barra de La Floridita de su Cuba natal para instalarse en Barcelona y mostrar todo su talento detrás de la barra circular del Bar Canaletas, emprendió la aventura de regalarle a la ciudad un escondite mágico en plenas Ramblas. Es la historia compartida por miles de fieles locales y otros tantos visitantes que han encontrado en este triángulo un rincón de complicidad donde tomarse un buen trago mientras el inevitable runrún de las anécdotas de miles de personajes que se han sentado en su barra envuelven el ambiente.

Miguel Boadas trabajando en la barra circular que le construyeran, en su afán de excelencia, los regentes del famoso "Canaletas". Barra circular que fue rebautizada como "La Piscina " por los Barceloneces de los felices 20'
Miguel Boadas trabajando en la barra circular diseñada por los regentes del famoso “Canaletas”, bautizada como “La Piscina ” por los Barceloneces de los felices 20′
Jerónimo y Adal, en la barra de Boadas
Jerónimo y Adal, en la barra de Boadas

Boadas es la proa de un orgulloso galeón, fondeado en las aguas turbulentas de unas Ramblas que ha visto cambiar en los últimos 82 años delante de sus puertas discretas, y que ahora se mece entre una marea de turistas que recurren a las guías foodies y peregrinos eruditos de la coctelería, con sus barmans imperturbables detrás de la barra, una tripulación sabia y serena que mantiene el rumbo de la nave.

Boadas no es vintage, es auténtico Clic para tuitear

Está hecho de capas de humo y de la erosión de un suelo pisado por millones de personas durante casi un siglo. Boadas ha visto guerras, repúblicas, grises tras estudiantes y tiempos de paz. Ha pasado por su barra el Mundo, en mayúsculas, dejando fantasmas caprichosos que no quieren irse y se toman una copa contigo.

Un punto geográfico que ha sobrevivido guerras y posguerras, movidas y turismo, mejores y peores tiempos.

Boadas y los nuevos tiempos

El testigo de esta leyenda de la ciudad lo ha tomado desde hace unos meses un joven mixólogo, Adal Marquez, quien se ha ganado la confianza de quien desde hace 42 años tripula esta barra y su estilo atemporal de coctelería clásica, Jerónimo Vaquero.

La consigna parece clara: defender la sencillez del oficio bien hecho, sin abusar del maquillaje de una presentación con flores y humos y cristalerías de diseño, un recetario clásico y una puesta en escena sin estridencias en un sector en el que hay una gran tendencia a las influencias gastro-moleculares y a la teatralización del servicio.

Pero Adal ha entendido muy bien que puede y debe incorporar al concepto Boadas toda una serie de iniciativas para darle al negocio un “upgrade” que lo actualice al siglo 21, sin perder la identidad y la solera que lo posicionan como un establecimiento único.

Dar visibilidad al negocio en las redes sociales, integrar la gastronomía en la oferta, aliarse con el arte o re-lanzar uno de los mayores espectáculos de la barra, la técnica del escanciado original de su fundador Miguel Boadas, son algunas de las acciones que bien coordinadas y con una dirección clara son una buena estrategia para lograr el objetivo.

En un sector en el que el reconocimiento endémico forma parte de la reputación de un local, Adal reunió a varios de los mejores mixólogos del mundo en la Catedral para hacerles cómplices de este momento.

Simone Caporale y Balazs Molnar (Artesian Londres, el mejor bar del mundo, del que ya te he hablado en otra ocasión), Eric Lorinz (Savoy Hotel Londres), Marc Álvarez (Ferràn y Albert Adrià), el australiano Stuart Hudson, Jared Brown (historiador, creador del museo del cóctel de Nueva York y maestro destilador de la ginebra Sipsmith) y Diego Cabrera (uno de los mixólogos con más visibilidad del país), junto con amigos y compañeros de profesión como Jorge Restrepo (Coctelería Creativa) o Sergio Padilla (Boca Chica), aceptaron el reto de celebrar el momento y ser testigos de esta etapa, que no creo que pretenda ser nueva, pero si más fresca. Además de la implicación de la casa Botran, con uno de sus rones como ingrediente de La Piscina de Miguel, el cóctel conmemorativo.

Al corazón del Boadas le ha llegado un soplo de aire fresco llamado Adal Márquez, y sigue latiendo con la serenidad de quien se sabe eterno, con el palpitar de las formas y maneras que Miguel Boadas inventó hace 82 años para la ciudad.

Fotos cortesía de Adal Márquez

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Boadas, el latir de las Ramblas
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