La hosteleria es el arte de recibir, entretener y cuidar de tus huéspedes, haciendo que aprecien y disfruten de la hospitalidad y que ésta esté adaptada a su deseo o necesidad. En inglés, el término hospitality describe mucho mejor esta actitud-vocación.

Tal vez “arte” pueda resultar algo pretencioso aplicado a un negocio que se gana la vida vendiendo coca-colas o camas cerca de un aeropuerto.

Pero empieza a tomar forma cuando lo que se “vende” es un momento único como el banquete de una boda o un mojito momento puesta de sol.

Un (buen) profesional es aquel que transmite uno de mis mantras preferidos “we are ladies and gentlemen, serving ladies and gentleman” (Cesar Ritz) y que resume toda la filosofía de este oficio.

Una no deja de ser lady cuando se quita el uniforme de camarera de pisos o el delantal de barmaid sencillamente porque si dejara de serlo, no lo habría podido ser.

Al igual que un científico hace avances en sus investigaciones porque su actitud en la vida es de curiosiddad, experimento y análisis; o un fotógrafo hace fotos geniales porque mantiene siempre una postura de observación activa de su entorno, un maitre es un caballero porque su actitud natural en la vida es la de atender y respetar a los otros con elegancia y cortesía, dentro y fuera de la sala.

(¿Alguien se imagina a Josep Roca (El Celler de Can Roca), bebiendo vino de tetrabrick a morro tirado en un sofá rollo “Homer Simpson style”? Incluso el lenguaje de la frase chirría si se visualiza al elegante hermano mayor de los Roca. A eso me refiero).

Cuando esta actitud es natural, y no forzada y encorsetada dentro de un uniforme y un turno de trabajo, es cuando tenemos un diamante en bruto que, con una formación adecuada en técnicas de trabajo puede llegar a donde quiera.

En el momento de contratar personal, de formar un equipo sólido capaz de transmitir los valores de una casa, la actitud y cualidades innatas del candidato son a considerar de manera prioritaria.

De poco sirve un camarero que sepa trabajar cuatro técnicas de gueridón aprendidas en un curso si se urga la nariz antes de tomar comanda, o un bartender que conozca las recetas de los 500 cocteles más populares si no es capaz de mantener la discreción sobre las conversaciones de los clientes de la barra.

La vocación de la hospitalidad no se narra en un Curriculum Vitae, ni en un perfil de Infojobs. Se lleva dentro. Dentro del alma.

La vocación de la hospitalidad
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