¡Ya estamos en la lista!

La entrada en cualquier lista (desde los 50 best hasta la del blogger de tu barrio) pone a tu negocio en el ojo de un público atraido por la gastronomía. Esta es una historia real.

Erase una vez un restaurante que entró en la lista de los 50 mejores restaurantes de su región. La noche en la que de anunciaban los premios, el chef y su pequeño equipo abrieron la mejor botella del bar y brindaron por el éxito. Se fundieron en un abrazo y en sus cabezas, las burbujas empujaron sueños.

El local se había ganado la atención de algunos foodies de la ciudad, entre ellos un blogger que reinaba con el cetro de su influyente wordpress y cuyas palabras llegaron a uno de esos personajes misteriosos que recorren el mundo (o su barrio) en busca de talentos a los que premiar con la visibilidad que da pertenecer a un exclusivo grupo de restaurantes tocados por la varita mágica de la crítica.

La mañana que siguió a la noche de las celebraciones, las emisoras locales llamaron al chef. Luego llegó algún programa en la tele. Un par de entrevistas en periódicos. Los dos platos emblemáticos, de una extraordinaria sencillez fueron portada de un suplemento dominical.

El equipo, seleccionado, contratado y formado por el chef propietario empezó a andar solo, tomando el mando en el día a día de las compras, los fogones y el pase.

Un chef premiado no tiene demasiado tiempo para andar cocinando para sus clientes. Se debe a un público más ámplio, a las cámaras y a su Instagram. Debe atender a posibles inversores interesados en inyectar dinero en un proyecto donde él sea la estrella de un nuevo concepto gastronómico. En London. O en Miami o NYC. Y si es de provincias en BBAA, México DF o Madrid.

El día que visité este restaurante, el personal de sala contagiaba la misma motivación e ilusión de un pavo en Acción de Gracias a las pocas mesas ocupadas.

Pedí los dos platos recomendados. El primero llegó con la base quemada (hablo de una tartaleta con queso y champiñones) y el segundo, con la carne pasada de punto.

“El chef no está. Está grabando en la tele” me informó una de las personas que atendían la sala.

“Bien”, pensé, “debería escribir algo sobre esta situación”. Estos chicos tienen mucho talento pero a veces les puede más una cierta fama que la disciplina y concentración que necesita un negocio para pasar de un “new entry” a un establecimiento que trabaje las bases para consolidar su oferta.

Tal vez la segunda de cocina, al mando del servicio tuvo un mal día. Tal vez hay razones que desconozco para que esa tartaleta estuviera chamuscada, arruinando el plato y quedando la experiencia por debajo de las expectativas que despierta cualquier cocina listada o con estrella.

Pero la reflexión creo que vale la pena.

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(foto de www.gq.com)

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