“Cuánto peloteo, Eva. Cuánta casta gastronómica” me dice una cocinera de las buenas, de esas anónimas que llenan su comedor cada día y cierran los lunes. “Cansados de tanto mamoneo a los mismos”, me dice otro buen cocinero, propietario de un restaurante con un fabuloso ranking en todas las páginas de opinión y que mima el producto hasta la excelencia y sin cuenta de Instagram. “¿Por qué siempre salen los mismos en todas partes?”, me escribe en privado un joven cocinero que acaba de salir de la escuela y ha montado su restaurante con la ayuda de sus padres y un ICO del Santander.

Me siento halagada, feliz por contar con el cariño de las estrellas que brillan cada día sin salir en la prensa, sin ser el objetivo de los portales gastronómicos donde se alaban las grandezas de los “grandes”. Miles de profesionales que nadie saca en portadas de revistas con titulares grandilocuentes, a los que no piden entrevistas y que forman una legión de brigadas de sala y cocina, capitaneados por profesionales que no vivís del retuit en Twitter que propician las agencias de comunicación y del flash del fotógrafo que os inmortaliza en una portada de revista o en la cámara de televisión, y que sois los verdaderos motores que mueven la máquina de la gastronomía (entiéndase la industria de la restauración de nuestro país).

Comprando con cuidado, elaborando con cariño, negociando con proveedores, lidiando cada día con clientes exigentes. Peleándose para llegar a fin de mes y pagar la nómina del equipo. Librando cuando se puede. Sin vacaciones. Aprendiendo todo el rato, luchando día a día. Sin demasiado tiempo par mirar revistas con bonitos emplatados o sentarse delante de la pantalla a ver uno de esos programas “tele chef”.

Vuestro éxito no es la repercusión mediática que mantiene a un pequeño grupo de talentosos cocineros como estandarte del sector, premiados y expuestos hasta la saciedad. Sois las mano que enciende cada día los fogones de miles de cocinas. La mano que prepara cada día miles de gueridones para que nada falte. La sonrisa que atiende salas y que trabaja con clientes (sí, esos que siempre tienen la razón).

Dais de comer a millones de personas, con más o menos acierto, pero con la voluntad de mantener vuestros negocios vivos. Con el objetivo de que la satisfacción de quien se sienta en vuestras mesas le haga repetir y os recomiende. Y que con ello, os podáis seguir ganando el pan de cada día (y pagando la nómina a vuestro equipo), haciendo lo que más os gusta: cocinar y servir al cliente, ofreciendo una experiencia en la medida de vuestras posibilidades, que les lleve a volver a disfrutar de vuestro trabajo.

Para vosotros doy consejos, por vosotros intento divulgar el esfuerzo que supone subir la persiana cada día, encender los fuegos, poner las mesas y la sonrisa.

Y vuestros mensajes me dan energía para seguir trabajando para vosotros. Gracias.

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(Foto www.euroinnova.edu.es)

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A todos los cocineros y cocineras anónimos
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