Desde la década de los noventa, la industria turística se ha convertido en uno de los fenómenos de transformación de la ciudad de Barcelona que mayor impacto ha tenido tanto a nivel económico como urbanístico y social.

Este es el espectacular crecimiento de la planta hotelera resumido en tres períodos:

1989 – 1998: El “Plan de hoteles” y la iniciativa privada facilitan una tasa de crecimiento anual del número de habitaciones en torno al 10%, hasta 1993 (unas 1.200 habitaciones nuevas cada año). Tras los JJ.OO, una breve crisis y el inicio de la consolidación de la ciudad como destino. Contención del crecimiento en el 1’7% (alrededor de 250 habitaciones al año).

1999 – 2004: La preparación del Forum y de las infraestructuras a él vinculadas (CCIB, Auditori Forum), desata un gran crecimiento de la planta hotelera (en términos absolutos, superior al originado por la cita olímpica): 7’6% (unas 1.400 habitaciones al año). A partir de 2005, se retoma la senda de crecimiento en la ocupación a pesar del gran incremento de la oferta (6% anual, unas 1.250 habitaciones al año).

2008 – 2011: La crisis ralentiza algunos proyectos pero permite retomar la vía de transformar edificios con otros usos (4’75% anual, unas 1.300 habitaciones al año). En 20013 se inician crecimientos más moderados de la oferta reglada (alrededor del 3% anual, unas 1.000 habitaciones al año).

A partir de 2014, la oferta sufre una ralentización en el ritmo de crecimiento de plazas regladas (2,5%, unas 850 habitaciones anuales), pero un gran crecimiento de la oferta no reglada (P2P), que supondrá un factor de cambio muy importante en el mapa de la oferta de alojamiento turístico en la ciudad.

Algunas de las ventajas que la ciudad pone sobre la mesa a la hora de competir como destino urbano son un Plan de Movilidad Turística, la apuesta por la movilidad peatonal con una clara vocación turística de la red de transporte público; una estupenda conectividad aérea, dotación de la red de carril bici y dotación de taxis, así como muy buena frecuencia de trenes de alta gama y de vuelos.

Además, el posicionamiento comercial en turistas de alto gasto, con una dotación de hoteles y de restauración de categoría alta junto con un “lifestyle” deseado, la celebración de reuniones y congresos, ferias profesionales, una atractiva formación universitaria para extranjeros o la celebración de grandes eventos musicales, artísticos, culturales y deportivos conjuntamente con un atractivo dinamismo empresarial son grandes ventajas competitivas que hacen de Barcelona un destino turístico urbano de libro.

La ciudad de Barcelona ha sido reconocida como mejor destino de reuniones y conferencias en el 2017, un galardón entregado en los World Travel Awards, los premios más importantes del sector turístico. Esta es la tercera vez en los últimos cuatro años que la capital de Catalunya recibe esta distinción, que corrobora el posicionamiento de Barcelona en el turismo MICE.

El turismo de reuniones o negocios, que incorpora los congresos, convenciones y viajes de incentivos, es una actividad clave y de valor añadido para el destino, y genera un impacto mayor que otros sectores de la economía.

Según los últimos datos, el turismo de reuniones en Barcelona deja unos ingresos económicos directos de 1.500 millones de euros al año.

La proporción de visitantes internacionales alojados en hoteles de Barcelona se mantiene desde hace años por encima del 80%, muchos de ellos en viajes de negocios. Esto ha permitido que la debilidad de la demanda del huésped español durante los años más duros de la crisis económica no haya afectado a la rentabilidad del sector hotelero. Y este perfil de visitante de negocios es uno de los motores por los que la ciudad debería apostar fuerte.

Los grandes eventos que se programan en el calendario de ferias y congresos de la ciudad traen el mejor talento del mundo con conferenciantes y profesionales de talla mundial, atraen un flujo de personas que consumen los productos que mejor sabemos vender: retail y gastronomía y fomentan una industria paralela muy importante.

Barcelona se situó en 2016 como tercera ciudad con mayor número de congresos internacionales con un total de 181 reuniones, sólo por detrás de París (196) y Viena (186), y para este año 2017 se había previsto un resultado similar entre octubre y diciembre de 91 congresos que reunirían a 80.100 delegados. Y debería crecer, ya que el aumento de los viajes de negocios es consecuencia de la mayor vitalidad económica de las ciudades y su mayor vinculación al ocio gracias a la consolidación de nuevas tendencias como el bleisure (business + leisure), una tendencia que va a consolidarse.

Consolidar esta posición depende de la vuelta a la estabilidad política y social, superando los incidentes de los últimos meses, recuperando la reputación de ciudad segura, amable y hospitalaria con una extraordinaria oferta para el visitante. Una tarea que tenemos que llevar todos a cabo.

Desde el servicio impecable de un café por parte del camarero hasta las estrategias de los grupos Horeca que se deciden en salas de reuniones, nos toca a todos volver a enamorar al visitante de nuestra ciudad.

¿Te ha resultado útil este post?
Enamorarse del turismo de negocios, de nuevo
3 (60%) 4 votos

Un Comentario
Dejar Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *