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Jaime Martínez: “En planificación turística, que va íntimamente ligada a la planificación urbanística, no se está teniendo en cuenta el cambio climático”

Hay que ser positivos, sobre todo en esta situación en la que estamos viviendo. Por una cosa: porque hemos de encontrar las oportunidades que nos presenta.

Jaime Martínez, arquitecto

El urbanismo y el paisaje son las bases sobre las que edificar un nuevo turismo sostenible que ya se gestaba con anterioridad a la crisis sanitaria, pero que ha acelerado su progresión a raíz de la pandemia. ¿Estamos ante la oportunidad de abordar un posible replanteamiento del urbanismo en áreas turísticas?

¿Estamos ante la oportunidad de redefinir el reparto espacial o el modelo territorial más adecuado del consumo turístico para rentabilizar mejor las inversiones y, a la vez, salvaguardar las zonas de interés natural? ¿Estamos ante la oportunidad de ejecutar un nuevo tipo de intervenciones urbanísticas que nos permitan la regeneración o la transformación de asentamientos turísticos degradados y obsoletos, atendiendo a futuros escenarios socioeconómicos?

Y me pregunto también: ¿Estamos ante la oportunidad de emprender acciones promotoras de nuevos espacios turísticos con carácter selectivo y criterios de crecimiento cualitativo donde implantar nuevos modelos urbanísticos y convivenciales?

En esta entrevista hablo de inversión, reconversión y rehabilitación de zonas turísticas desde el punto de vista del urbanismo y lo hago con Jaime Martínez, arquitecto experto en Urbanismo y Planificación Turística y especialista en Derecho Urbanístico. Jaime ha sido consejero de Turismo (2013-2015) y director general de Turismo (2011-2013) de las Islas Baleares y redactó la Ley de Turismo 8/2012 del archipiélago. Ahora lidera su propio proyecto como co-founder en Home Art Studio.

EB: Las cosas han cambiado muchísimo. Estamos todos pensando en cómo transformar, en cómo mejorar, en cómo ser mas competitivos, en cómo reposicionar destinos… ¿Es ahora el momento para poder transformar ciertos modelos?

Yo creo que siempre hay que ser positivo en lo que es la planificación, ya no solo urbanística sino, en este caso, de modelo turístico, con una estrategia y una planificación a largo plazo. Hay que ser positivos, sobre todo en esta situación en la que estamos viviendo. Por una cosa: porque hemos de encontrar las oportunidades que nos presenta.

Si buceamos un poquito en todo lo que son los destinos turísticos maduros, hace como 15 años – casi 20 – que hablamos de las destinaciones maduras, de las zonas turísticas obsoletas, del necesario reposicionamiento de las mismas, de la inversión pública y privada que las debería transformar… A día de hoy, casi estamos igual. ¿Por qué? Por muchas razones. Probablemente porque en los últimos 15 años hemos vivido dos de las grandes crisis económicas, que no han permitido una inversión pública profunda. Y por otro lado porque al final, la inversión privada muchas veces se plantea a corto plazo. Esto es lo que yo creo que va a transformarse.

Voy a volver a hablar otra vez de las oportunidades. Creo que estamos delante de una oportunidad, a la que yo llamo re-industrialización, dándole un poco la vuelta al reposicionamiento y la revalorización. A mi me gusta hablar de la re-industrialización del sector turístico.

Hemos vivido a nivel nacional y local reindustrializaciones históricas: del carbón, de la metalurgia, y otras cosas. Y en estos momentos, cuando ya tenemos un sector turístico absolutamente maduro, no zonas sino un sector que se ha desarrollado desde los años 50-60 hasta ahora, creo que es el momento de la re-industrialización. Voy a explicar, muy rápidamente, qué es lo que yo veo.

En un destino turístico maduro, como puede ser Mallorca, nos encontramos con que tenemos también, por la estacionalidad, una sobre saturación en los meses de temporada alta y una infrautilización de los recursos en la temporada baja. Eso genera unos desajustes absolutos en todas las infraestructuras públicas, sean para el ciudadano o para el turista, sean para el que nos visita o para el que reside, que seguramente tendríamos que conseguir ajustar de otra manera. Y además estamos en un momento de buscar la calidad y olvidarnos de la cantidad.

Esto nos lleva a pensar que debemos bajar esa llegada de turistas. Pienso en esos aeropuertos que creamos en los años 80 y 90 y que permitían una llegada de 20, de 25, de 30 millones de viajeros; los hemos utilizado, pero sin actualizar todas las infraestructuras del destino. Por lo tanto, lo hemos desajustado. Por eso pienso que en este sentido, tenemos que ir un poco para atrás. Todos esos activos que tienen una capacidad de negocio, de rentabilidad, menor – y por lo tanto es competencia casi desleal a aquella oferta absolutamente posicionada y de calidad – probablemente tienen que desaparecer.

Hay una parte de los activos del destino que no nos conviene – ni a la competencia, ni a los propios residentes, ni al propio modelo – que exista en el mercado. No podemos cerrarlos y que parezcan como siempre, esos edificios fantasma que al final no tienen un futuro o una solución. Por eso lo llamamos re-industrialización: vamos a mejorar la oferta que queremos que permanezca, y esa otra oferta la vamos a reconvertir.

¿En qué? Hay opciones. La podemos reconvertir en vivienda. En las islas Baleares hay una falta de vivienda absoluta: no hay suelo para ubicar nueva vivienda y además queremos seguir protegiendo el paisaje. Por lo tanto, esos tres factores – no queremos crecer en suelo urbano, no tenemos suelo urbano donde ubicar viviendas y tenemos necesidad de vivienda – generan una oportunidad de reconversión. Es un ejemplo, no es la solución, pero permite evitar la pérdida del activo y buscarle una rentabilidad diferente y novedosa al propietario, al inversor o incluso a la propia inversión pública.

EB: Pero la transformación de este activo de un uso hotelero a un uso residencial también tiene un cambio en el impacto económico del uso.

Totalmente. Y además tiene un impacto a nivel social. Es decir, la planificación urbanística, lógicamente, no se puede hacer en cualquier caso. Esa desaparición del mercado y esa reconversión o cambio de uso se tiene que hacer planificado. Es decir, se tiene que decidir en una planificación urbanística ya no solo municipal, sino territorial, cuáles son aquellos activos que, por su posición en la trama urbana, su posición en la necesidad de vivienda por zonas, pueden ser objeto de reconversión. Y se debe planificar qué tipo de reconversión se hace en cada caso.

EB: Al final lo que intentamos encontrar es un balance, sobre todo en la, zonas donde está conviviendo el residente con el visitante. Por lo que veo, me estás diciendo: “vamos a aligerar la carga del flujo turístico, vamos a incrementar la parte residencial y vamos a dar más aire en espacios de más convivencia”.

Bueno, es una solución. Es decir, es una solución en algunos sitios, no en todos. Por eso tenemos que compaginar unas soluciones con otras. No podemos actuar por bolsas, debemos actuar a nivel territorial global, porque no puede haber tampoco unos desajustes importantes ahí. Entonces, la estacionalidad nos lleva en muchas zonas turísticas a que se convierten en ciudades fantasma en invierno, durante 4 o 5 meses. Además, como son ciudades donde no hay residentes, que eso es otra de mis reflexiones, la administración pública no invierte en esas zonas, que además son las zonas que permiten que haya ingresos suficientes en esos ayuntamientos para que haya inversión pública. Pero la inversión pública nunca se hace en esas zonas, porque en esas zonas no hay votantes, vamos. Hablando claro. Entonces, ¿la inversión donde se hace? Donde la administración pública o el político tiene una reversión de lo que hace. Por tanto, hay que ajustar esos desajustes de alguna manera.

EB: ¿Cómo calculamos la carga turística de un espacio? ¿Cómo podemos medir si es una carga turística que es insoportable para el territorio o es una carga turística que todavía tiene margen de crecimiento? ¿Lo vinculamos a los recursos disponibles que necesita esta carga?

Bueno, eso es lo que decía antes. Es decir, por ejemplo: el aeropuerto de Mallorca creo que se inauguró en el año 94, hace más de 20 años, con una capacidad de llegada de 25 millones de turistas. Las infraestructuras de la isla en esos más de 20 años no se han transformado para poder dar servicio y equipamiento a tantos millones de turistas, y hasta el año pasado – lógicamente ahora estamos en un paréntesis – año tras año estábamos aumentando el flujo y la llegada de turistas.

Por lo tanto, año tras año nos encontrábamos con que la sensación de saturación era mayor, pero seguíamos teniendo las puertas de la isla abiertas, con todavía muchísima capacidad pero con carreteras insuficientes, con recursos hídricos insuficientes, con playas que no pueden asumir probablemente la llegada de todos esos turistas, incluso si fuéramos por equipamientos turísticos o reclamos turísticos de la isla, era imposible de asumir. ¿Eso qué hace? Eso al final es un arma de doble filo, porque al turista que viene aquí le encantaría visitar la Sierra de La Tramuntana pero ve que no puede disfrutar de ello porque está absolutamente saturado, como si fuera una Venecia deshabitada ya y solo habitada por turistas.

Claro, ahí esta la capacidad de rectificación, de corregir esos desajustes. La decisión está en: ¿Tengo que reconvertir todas estas infraestructuras para seguir recibiendo más gente o tengo que poner coto y no puedo hacerlo en las entradas pero puedo hacerlo a nivel de calidad? Yo creo que está ahí. La re-industrialización va por ahí. Voy a intentar coger unos estándares de calidad que yo quiero, pero para un número limitado de turistas.

EB: Sí, pero eso siempre implica la iniciativa privada ¿no? Creo que lo comentábamos al principio: al final la inversión privada es la que permite un mejor posicionamiento del destino, porque los servicios y productos que se ofrecen van a un target quizá no tan masivo, más nicho y de más valor, que puede aportar más valor al territorio. Es complejo. Hace 8 años participaste en la redacción y aprobación de la Ley de Turismo de Baleares. A la vuelta de 10 años en que las cosas han cambiado bastante pero no han cambiado tanto… ¿Siguen siendo las prioridades que reflejaba esa ley las mismas sobre las que trabajar hoy?

Yo creo que sí. Es decir, yo creo que esa ley es importante porque nunca había habido una ley tan transversal y tan global en las islas. Se intentó incorporar a todos los sectores productivos que formaban parte de esa pirámide de modelo turístico y económico de las islas, que se basaba en la calidad, en el producto, es decir, el producto turístico. Yo hago un símil: hace 15 años aquí nos dedicábamos a vender camas y llenábamos las camas de los hoteles.

Yo creo que la ley lo que intenta es reposicionar el destino. ¿Haciendo qué? Pues incorporando y dando valor a todos los elementos de producto turístico que pueden ser un punto de referencia para el que nos quiere visitar: la gastronomía, el deporte, incluso la sanidad. También el sol y la playa, pero a otro nivel. El sol, yo creo que es el paraguas que nos hace estar posicionados fantásticamente como destino, porque tenemos 300 días de sol al año. Estamos ubicados estratégicamente. Por tanto, la ubicación y el sol es el paraguas de todo lo demás.

Creo que no hemos de vender camas, hemos de vender experiencias, gastronómicas, de cultura, de deporte, de patrimonio. Y ahí debemos mejorar esos equipamientos absolutamente necesarios que son los hoteles.

EB: Y 8 años después, ¿cuáles son los resultados de esta ley?

Si recordamos, en el 2012 empezábamos a salir de una crisis profunda a nivel de modelo económico, la crisis de 2008-2009. La ley, aparte de servir para intentar reactivar la producción o productividad de según qué sectores económicos de las islas, buscaba varias cuestiones.

Primero, no había inversión pública y lo que buscaba era poner las herramientas suficientes que fueran absolutamente ilusionantes o tractoras del sector privado, para que esa inversión que no podía hacer el sector público la hiciera el sector privado. En 8 años se invirtieron más de 2.000 millones de euros de la iniciativa privada en reconversión hotelera. Desgraciadamente no del destino, pero sí del activo.

Y eso iba aparejado con la obligatoriedad de inversión pública, es decir, todos aquellos ingresos que los ayuntamientos obtenían por las obras que se realizaban se tenían que reinvertir en la zona donde esos hoteles estaban subiendo de categoría, para compensar una cosa con la otra. Y entonces de esa manera, sin inversión pública, se ha conseguir en zonas como Magaluf, como playa de Palma, una reconversión; no integral, pero sí un inicio. Por ejemplo: en esas zonas, en 30 años, nunca había habido un hotel de 5 estrellas, cosa que ahora sí.

Jaime Martínez / Fotografía cedida por Jaime Martínez
EB: España es pionera a nivel mundial en otra cosa, aparte de en turismo en general: lo es en el modelo de destino turístico inteligente, una metodología que al final lo que hace es aportar un enfoque integral y plantea una estrategia de futuro basada en gobernanza, en sostenibilidad, en accesibilidad, en innovación y obviamente, en la tecnología. Transformarse en un destino turístico inteligente supone revalorizarse, con una serie de maravillosas ventajas pero… ¿Qué es en realidad? ¿Un destino turístico inteligente es uno que tiene un software que controla los flujos por los que va la gente y un poco de biométrica en la entrada y salida del aeropuerto, o va mucho mas allá el concepto?

Yo creo que es eso también – software, control de flujos y biométrica – pero va mucho más allá. Yo creo que es verdad que somos pioneros, pero también creo que todavía no sabemos hasta dónde puede llegar todo esto. Aquí, y lo has dicho antes, la simbiosis y la sinergia entre el sector público y privado es básica, es decir, sin esa responsabilidad de uno y otro para poder crecer y seguir con compromiso, es imposible.

Y la base de eso tiene que ser lo que llamamos el turismo responsable: tiene que haber un equilibrio entre el medio ambiente, la economía y la sociedad. Esa responsabilidad es lo que liga y la base de un destino turístico inteligente.

Y hablando de sostenibilidad y medio ambiente, nos olvidamos de un tema muy importante que cambiará en los próximos 20-30 años, que es el cambio climático. ¿Por qué digo eso? Porque en planificación turística, que va íntimamente ligada a la planificación urbanística, no se está teniendo en cuenta el cambio climático. Y por ejemplo en destinos como Baleares que en estos momentos son absolutamente estacionales, dentro de 20-25 años toda la temporada será seguramente subtropical, como la que hay en Canarias. Y estamos hablando de 30 años, no de 100 años. Eso es ya. Creo que se tendría que hacer un esfuerzo para realmente tomarnos en serio también en el modelo turístico de nuestros destinos el tema del cambio climático.

EB: Sería uno de los puntos a tener en cuenta ahora, cuando vemos esas oportunidades de transformación. Porque esa transformación nos va a costar muchísimos recursos, mucho esfuerzo, no va a ser fácil y no es una transformación para los próximos 5 años, es para los próximos 20-30. Con lo cual el factor cambio climático sí que tendría que ponerse encima de la mesa para poder ser conscientes de que cualquier cambio que hagamos, cualquier transformación, también tiene que estar sujeta a ese futuro escenario que nos vamos a encontrar en muy pocas décadas.

En nada. Además, ten una cosa en cuenta: Tenemos administraciones en los destinos turísticos del Mediterráneo que están invirtiendo en paseos marítimos a 10 años vista. Pero es que a 30 años vista probablemente esos paseos marítimos no existan. Alguno de ellos o algunas playas. Es decir, es que es más importante de lo que nos imaginamos. Por lo tanto, el trabajo deberíamos estar haciéndolo ahora.

EB: Por supuesto, es un factor absolutamente importante. Y visto así, cuando pensamos en esas zonas idílicas, esas calas, esas playas, tanto de nuestro país como de cualquier otro destino del mundo, el pensar que dentro de dos décadas – que pasa pronto – pueden haber desaparecido, te hace plantearte muchísimo ese futuro y dónde poner los recursos y hacia dónde apostar. No es fácil. Porque al fin y al cabo, el cambio climático no deja de ser una hipótesis de lo que pensamos que va a ocurrir. Tampoco es una certeza. Nadie puede asegurar el futuro, únicamente lo podemos prever. Podemos hacer esta previsión, esta hipótesis de escenarios y trabajar en ello.

Lo que decías tu: previsión. Está claro que estamos hablando de ciencia ficción, pero cuántas veces hemos hablado de ciencia ficción y hoy cosas que nos parecían ciencia ficción hace 20 años, son así. Es decir, yo creo que siempre nos tenemos que ir un poco más allá. Hay que soñar, además.

Yo no digo que nos encontremos con un desastre, estoy diciendo que le demos dos vueltas, porque lo otro es muy sencillo. Es muy fácil pensar que esas playas que nos han regalado, que son el principal reclamo para nuestros turistas van a estar ahí siempre y del mismo modo que están ahora.

EB: Hablando de futuro, la apuesta es por el nicho. Ir a hacer productos que tengan muchísima identidad y que vayan a un nicho muy concreto para el que construir una experiencia muy adaptada en cuanto al espacio en sí del hotel. Es momento de enfocar, fijarse en quién quiero que sea mi cliente o quién es mi cliente y hacerlo todo para él. Momento de dejar de pensar en que un hotel sirve para todos, sino que cada día buscamos más ese hotel que se ajusta a la necesidad del consumo que tenemos en ese momento. Hacia ahí se mueven ahora los activos: a una mayor especialización del producto y del servicio.

Yo creo que es así totalmente. Además, todos somos diferentes y todos tenemos nuestras necesidades o nuestras manías, incluso. Pero siempre intentamos identificar ese establecimiento: yo cuando voy a Madrid o Barcelona por trabajo tengo muy claras unas serie de cosas; y cuando encuentro el hotel que me está ofreciendo esas manías, soy súper fiel. Por lo tanto, nosotros como estudio, en Baleares, trabajamos mucho la fidelidad.

La fidelización es absolutamente crucial para un modelo económico que se basa en el turismo. Si no tuviésemos esa fidelización, como tenemos, no funcionaría.

El futuro creo que sin duda está en la especialización y en la personalización de cada una de las cosas. Y eso como destino turístico, también como destino inteligente, y con las nuevas tecnologías, cada vez va a ser más fácil. Y cada vez lo podremos controlar más. Y el cliente nos podrá trasladar muchísimo mejor sus necesidades y nosotros tendremos más facilidad para poder modificar y cambiar según que cosas.


Hablando del cambio climático, me hacía reflexionar Jaime sobre la necesidad de contextualizar las acciones futuras en el espacio presente, pues hay algo que ya tienes fijo, que es el conocimiento de ese espacio presente. Pero pensar en esas acciones en el futuro, cuando no sabes cómo va a ser ese espacio, tiene mucha mas dificultad.

De esta fantástica conversación – que puedes escuchar completa en mi canal de podcast – me quedo con la importancia de encontrar este equilibrio en turismo, con el concepto de re-industrialización del sector que nos lleva a la reconversión de ciertos activos hoteleros en residenciales, pero también a otros cambios y reconversiones. Me quedo con la importancia de la colaboración de la inversión pública y la privada, ese engranaje que tenemos que conseguir que funcione.

Me quedo con que hace ya más de 20 años que hablamos de reposicionar destinos maduros y con que parece que ese cortoplacismo muchas veces no nos permite tener una perspectiva con una visión estratégica. Y me quedo con la súper especialización y la necesidad de orientar los productos a un nicho concreto, lo que supone una transformación capital en la forma de hacer y entender la hospitalidad.

Tenemos varias citas, apunta:

  • En mi canal de podcast, para hablar de Turismo, Hospitalidad & Hostelería desde una perspectiva de felicidad.
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