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Turismo, hostelería y pandemias: Preguntas para dibujar un nuevo escenario

El coronavirus ha aterrizado en nuestras sociedades como uno de los virus más impredecibles y desconocidos. Las estadísticas sobre los costos humanos siguen aumentando, en este momento, y su impacto se ha expresado en términos de consecuencias económicas, sociales y ambientales. A corto plazo, la industria Travel & Hospitality estará en un modo “pausa”, una industria acostumbrada a reconstruirse porque, en los últimos 20 años, ha estado expuesta a muchas amenazas externas.

Lo que hace que esta situación sea diferente es la palabra desconocimiento. O esa otra palabra que llena ahora pantallas digitales y conversaciones virtuales: incertidumbre

La mayoría de destinos urbanos y vacacionales del mundo se han visto afectados, los hoteles han cerrado, los espacios han cancelado los eventos, los restaurantes han bajado la persiana. Las aerolíneas ya han hecho recortes sustanciales en sus servicios.

La estacionalidad en nuestros destinos es un factor importante y nos dice que marzo es un mes relativamente tranquilo. Abril tiene un mayor peso en las cifras anuales de turismo, con la Semana Santa, pero los meses cruciales para nuestra industria son los que van de junio a septiembre y, en muchos destinos, la temporada alta se acorta cada vez más. Por lo tanto, si la situación actual persiste en los meses de verano, su impacto adverso aumentaría más que proporcionalmente.

En un contexto europeo, Alemania es el país donde la diferencia entre los meses de verano y marzo/abril es la más pequeña; Italia y Francia muestran la mayor estacionalidad.

Gloria Guevara, Presidenta y CEO del WTTC, ha afirmado en este sentido que “las cifras del WTTC muestran el marcado impacto en el sector de viajes y turismo del actual brote de COVID-19, con análisis que ahora sugieren que hasta 50 millones de puestos de trabajo están en riesgo en el sector a nivel mundial”. Afirma Guevara que “cuando sea el momento adecuado, el WTTC y el sector privado mundial estarán dispuestos a ayudar y apoyar al gobierno y a los países a recuperarse”.

El parón de la actividad durante un periodo de cuatro semanas por el Estado de Alarma derivado del coronavirus, podría suponer en España una pérdida de unos 300.000 empleos en 2020, mayoritariamente en las pymes – las empresas más afectadas – y principalmente en servicios de alojamiento y hostelería, agencias de viajes, la industria textil y la confección. Ayer mismo leíamos en Expansión que los empresarios turísticos prevén pérdidas por valor de 40.000 millones de euros y pondrá en riesgo al menos 800.000 empleos (y Exceltur alerta de que el parón del sector dejará un agujero que ascenderá a 62.000 millones si se prolonga a verano).

¿Cómo evolucionará la situación en las próximas semanas? La flexibilidad y la agilidad son fundamentales. La crisis, ya sea económica, social, ambiental o sanitaria, se convertirá en la “nueva norma”, y deberemos adaptar nuestro modelo de negocio y prácticas a este nuevo escenario, al igual que ha sucedido históricamente en otros escenarios derivados de pandemias.

Te hablo, por ejemplo, del mundo post peste negra, enfermedad que mató hasta un tercio de la población europea durante el siglo XIV y condujo a una grave escasez de mano de obra; debido a esta escasez de fuerza de trabajo subieron los sueldos y los salarios más altos resultantes ayudaron a erosionar el feudalismo, y alentaron la innovación en las tecnologías de ahorro de mano de obra. O del brote de SARS de 2002/2003, que ayudó a impulsar el incipiente sector del comercio electrónico en China.

Son ejemplos que nos han enseñado algo: COVID-19 nos llevará a nuevos escenarios.

El sector del turismo es consciente de los riesgos a los que nos enfrentamos como industria. En un mundo interconectado, los impactos de COVID-19 se están repercutiendo a través del sistema turístico, tanto de manera anticipada como imprevista. Como industria global, muchos de nuestros desafíos más importantes provendrán de cuestiones externas que afectarán a todo el sistema turístico. En el pasado, ha sido más común tener que lidiar con problemas locales como desastres naturales, crisis económicas localizadas, etc. Ahora, queda claro que el turismo debe prepararse para choques externos de escala mundial, como el cambio climático, las pandemias, incluso las recesiones económicas.

La construcción de resiliencia a nivel global (#globalresilience) es clave para afrontar y gestionar con éxito estos desafíos.

Todos estamos más interconectados que nunca.  Los destinos y las comunidades que dependen del turismo deben reconocer la volatilidad y los posibles riesgos asociados con la industria. Es hora de recordar que la “adaptación” más fácil para cualquier problema, generado por ejemplo a partir de la amenaza de enfermedad o del cambio climático, es que el consumidor deje de viajar. Eso significa que sí, tal vez a partir de ahora y por una temporada… el viajar “a lo loco”, se vaya a acabar.

El impacto en el sector de la hostelería variará dependiendo de la evolución de la epidemia a través del verano del hemisferio norte. Los primeros signos son profundamente preocupantes: se han cancelado todos los eventos a gran escala (una ola de cancelaciones que afecta a todos los segmentos), incluso en países con poco o ningún registro de casos COVID-19. Los grandes grupos hoteleros ya están revisando negativamente sus perspectivas de 2020 y, como en crisis mundiales anteriores, no nos sorprenderá que se congele la inversión y se siga reduciendo gravemente el personal.

Sin embargo, reflexionemos sobre esto antes de llevarnos las manos a la cabeza (si es que no lo hemos hecho ya): los Cisnes Negros (COVID-19, SARS o los ataques del 11 de septiembre) son eventos “raros” y que nadie podría haber predicho, eventos que alteran dramáticamente el curso de la historia, la sociedad y las economías. Pero la vida continúa y lo más sensato es pensar en los diferentes escenarios que nos encontraremos a la salida de esta crisis. Es un momento desconcertante, sí, pero adelantarnos a los retos y oportunidades que tendremos por delante es la responsabilidad de cualquier empresario o líder de equipos.

Se prevén en el horizonte cambios en las costumbres de consumo, en las cadenas de valor, nuevas prioridades y decisiones políticas que nos plantean unas primeras preguntas con las que podemos empezar a barajar futuros escenarios.

¿La videoconferencia y el trabajo remoto van a explotar y a convertirse en una nueva tendencia?

A medida que el virus se ha propagado, las empresas han alentando e incluso exigido a sus empleados que trabajen desde casa, tanto para frenar la propagación de la enfermedad ahora como para prepararse para lo peor en caso de que los centros de trabajo se cierren en cuarentena. Si ahora es así… ¿Significa que en el futuro cercano las empresas apostarán por una reducción de los encuentros offline?

Si les funciona sobrevivir con muchas menos interacciones cara a cara, los gastos de viajes de negocio caerán.

Una vez que el trabajo remoto se convierta en algo habitual ¿la necesidad de “zonas de oficinas” disminuirá?

El declive del “edificio de oficinas” e incluso los co-works marcaría en sí mismo un cambio social importante, uno que remodelaría los distritos de negocios y los patrones de transporte. Y si la mayoría de la fuerza de trabajo puede trabajar desde casa sin pérdida de productividad, va a ser difícil justificar los costos de bienes raíces comerciales. 

A partir de ahora… ¿Será la salud una prioridad y estaremos ante una nueva ola de regulaciones en nuestros negocios Horeca para garantizar un ambiente saludable y seguro?

Es posible que debamos invertir para seguir una posiblemente estricta orientación normativa de las autoridades de salud pública internacionales, nacionales y locales, incluida la Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO). Si extremamos el control sanitario de la población, en un sector donde la interacción humana es tan importante… Entraremos en una nueva cultura de empleo en la que se exigirán más normas a la empresa para trabajar con seguridad.

¿O nos inclinaremos por automatizar al máximo procesos, para evitar esta interacción humana siempre que no aporte valor? ¿Se acelerará el uso de la automatización para aumentar la fuerza de trabajo? Hay preguntas que, aunque no tengan todavía una clara respuesta, es sano plantearse.

¿Cambiarán los edificios?

El COVID-19 cambiará la naturaleza de nuestros centros de producción, oficinas, hospitales, escuelas, edificios públicos, aeropuertos, estaciones, todo el retail, hoteles, restaurantes, bares o cafeterías… hasta los ascensores. Somos la generación de interior: pasamos el 90% de nuestro tiempo de puertas para adentro (esto significa que cuando tenga 60 años, habré pasado 54 años en el interior… nunca lo había pensado).

Probablemente, ahora empezaremos a valorar que la calidad del aire interior, en particular la que implica aire fresco y filtración, afecta directamente a la productividad de las personas sanas y ayuda a mitigar la aparición de personas enfermas. La preocupación por la propagación de esta y otras enfermedades transmisibles podría desvanecerse después de este contagio, pero probablemente habrá más brotes en las próximas décadas. Esto significa que podemos esperar que nuestras estructuras físicas, los espacios en los que habitamos, también cambien y, con ello, nuestro acceso a estos.

Y habitamos, cómo no, en restaurantes, hoteles, aeropuertos… ¿Cómo cambiarán estas instalaciones?

Durante los próximos meses, la situación en la industria Travel & Hospitality global estará en un “modo lento”. Este modo permitirá a nuestro sector reflexionar sobre sus productos actuales y prepararse para las estrategias de recuperación, un ejercicio absolutamente necesario para acelerar la curva de recuperación y que, al mismo tiempo, nos ayuda a ser más resistentes a cualquier situación de crisis futura.

Y necesitaremos incorporar en esta reflexión previa cómo vamos a:

  1. Asegurar que los responsables de la organización comprendan la necesidad de implicarse en un plan de recuperación ante desastres y continuidad del negocio.
  2. Definir los recursos que la organización debe proteger/utilizar.
  3. Garantizar el cumplimiento de las directrices y/o requisitos de las nuevas regulaciones.
  4. Determinar cómo se recuperarán las operaciones.
  5. Definir qué personas, departamentos o equipos son responsables de qué tareas de planificación y ejecución.

Más allá de la iniciativa privada, de aquellas estrategias que diseñen las empresas hoteleras y hosteleras de manera individualizada, probablemente será necesario impulsar un paquete de iniciativas para una pronta recuperación a nivel global, apoyando esa curva que debe ser lo más veloz posible.

Será necesario definir, aprobar, implementar y desarrollar medidas para mejorar la facilitación de los viajes: eliminar o simplificar las visas siempre que sea posible, reducir el costo y mejorar los tiempos de procesamiento cuando sea práctico, aceptar otros visados cuando sea apropiado e introducir visas más eficientes y tecnologías para un viaje seguro y sin problemas; eliminar o relajar barreras innecesarias para aliviar la presión en los puertos y aeropuertos; reducir los impuestos de los viajeros; introducir incentivos para apoyar la continuidad del negocio para las empresas que se han visto más afectadas negativamente por el virus, teniendo en cuenta que las PYMEs en particular tardarán más en recuperarse; aumentar los presupuestos y recursos para fines de promoción, comercialización y desarrollo de productos en destinos cuando estén listos para recibir de nuevo a los visitantes; o reforzar la importancia de alianzas y una mayor cooperación internacional para responder y superar los retos a los que se enfrentará el sector durante la recuperación tras el COVID-19.

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